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miércoles, 15 de enero de 2014

Gaisma 4

-¿Te encuentras bien?-preguntó Luz cuando Gaisma se había incorporado, pálida.
-Otra vez.
El cielo se había ido cubriendo de nubes y el viento había comenzado a soplar revolviendo los montones de heno.
-¿Otra vez quién?-preguntó Luz apartándose los pelos de la cara.
-No se detendrá-añadió Gaisma descorcentando nuevamente a su oyente, que llevaba esperando una explicación desde que habían llegado allí. Pero la niña se negaba a revelarle nada hasta que se ganara su confianza. Un secreto de ese calibre no se lo podía revelar a Luz aunque estuviera casi segura de que era la indicada, tenía que ser ella, pero no había dado ninguna señal por el momento que se lo confirmara. ¿Por qué no reconocía nada?
-Continuemos el viaje-propuso Gaisma.
-¿Y por qué, mejor, no nos quedamos aquí y me cuentas qué está sucediendo?-preguntó Luz.
-Si. Será mejor seguir-concluyó la niña poniéndose en pie e ignorando a Luz que no tuvo más remedio que seguirla.
Caminaban despacio. Hacía calor y el paisaje se repetía todo el tiempo. ¡Ya podía variar un poco! Pastos, montones de paja, más pastos, más montones de paja. Un extenso campo segado que no parecía tener fin.
-¿Cuándo saldremos de aquí?-preguntó Luz desesperada por completo-. Estoy harta de ver siempre lo mismo.
-Cuando te orientes. Te estoy siguiendo a tí.
-¿¡Cómo que me oriente!? ¡Yo no he estado aquí nunca!-gritó Luz entre mosqueada y confusa.
-Pues nunca saldremos de aquí. Es la primera vez que veo esto- reconoció Gaisma riéndose.
-¿Cómo puedes reírte en una situación así?Estamos perdidas en ninguna parte y...-entonces lo reconoció. Ahí, en medio de la llanura, un gran edificio medio derruido, con las aspas caídas. A su lado una pequeña casita que todavía estaba en pie.
-¿Te suena de algo?-preguntó Gaisma.
- Esta era mi casa. Estuve correteando por ella toda mi infancia.
-¿Te apetece jugar un rato?-preguntó Gaisma antes de salir corriendo.
Por primera vez desde hacía mucho tiempo Luz se dejó llevar por un lado que creía haber perdido. Se quitó las medias y los tacones y corrió con Gaisma. Entraron a la casa, salieron de ella, jugaron al escondite, hicieron pinos, volteretas, se revolcaron por el suelo. Todo ello acompañado con una risa que no cesó ni un instante. Había pasado el mediodía y estaba atardeciendo. Ambas pararon y se sentaron en el suelo de la casa.
-Es maravilloso estar aquí de nuevo. Creía que cuando nos mudamos tiraron la casa y cortaron los árboles para construir un urbanización-dijo Luz contenta.
-Ya estabas tardando mucho en conocerlo-añadió Gaisma.
-Entonces, ¿has estado esperando a que yo misma me diera cuenta?- Gaisma asintió y arrancó nuevamente la risa descontrolada de ambas.
Pero, ¿qué hace aquí?- preguntó Luz de repente.
-¿A qué te refieres?
-A su alrededor nunca ha habido campos. Estaba en medio de la montaña, rodeada de árboles. Y ese molino era de agua y aquí no veo ningún río.
-Mira detrás de tí.
Tras ellas el paisaje cambiaba a gran velocidad. Las extensas llanuras con los montones de paja  se veían sumidos en una profunda oscuridad y desaparecían, dando paso a millones de árboles que se elevaban hasta el cielo.
No tardaron en sentir bajo ellas las aguas de un pequeño riachuelo. ¡Hacía tanto tiempo que Luz no sentía esa sensación!

Dio una vuelta sobre sí misma maravillada de lo que veía. ¡Era como volver a casa!
-Este si es mi lugar-dijo sin darse cuenta de que, en realidad, estaba sola en medio del monte. Gaisma había desaparecido. ¿A dónde habría ido?
Tal vez se había alejado sin darse cuenta y no se encontrara muy lejos. Si daba un paseo por los alrededores lo más probable era que la encontrara. Se adentró un poco más, alejándose del riachuelo y penetrando en el bosque de pinos.
-¡Gaisma! ¿Estás aquí?-gritaba sin cesar Luz tratando de encontrar a la niña. Sin embargo, no había señal de que la pequeña se encontrara cerca de allí.
Luz seguía andando sin detenerse, entrando cada vez más en el bosque. Tras una hora de búsqueda, decidió darse por vencida y regresar. Entonces se dio cuenta de que, aunque quisiera, ya no podía volver. Se había alejado demasiado y todos los árboles le resultaban iguales.
-¡Gaisma!-insistió nuevamente antes de sentarse sobre una gran piedra. Todo estaba muy tranquilo y podía escucharse el rumor de la naturaleza. A punto estuvo de quedarse dormida entre tanta tranquilidad cuando una voz comenzó a hablarla.
-¿Y tú eres quien va a terminar conmigo? Si apenas sabes quien eres ni dónde estás tú. ¿Cómo vas a encontrarme?
-¿Quién eres?-preguntó Luz volviéndose a su alrededor en busca del emisor.
-A partir de hoy, tu peor pesadilla.
Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Luz.

                                                                         CONTINUARÁ...


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